El polonio es un metal extremadamente raro e intensamente radiactivo, presente solo en trazas en la corteza terrestre; se produce de forma artificial casi exclusivamente mediante la irradiación de bismuto-209 en reactores nucleares. Su uso práctico más conocido aprovecha el calor liberado por la desintegración alfa para construir fuentes de calor radioisotópicas compactas destinadas a la calefacción auxiliar de satélites y naves espaciales. En la industria, el polonio-210 se empleó antaño para fabricar cepillos antiestáticos que neutralizaban la carga que se acumula en las líneas de producción de película fotográfica, papel y película plástica: las partículas alfa que emite ionizan el aire y neutralizan así la carga superficial. Estas aplicaciones han disminuido de forma acusada debido a las estrictas normativas sobre manipulación de materiales radiactivos. Aún se utilizan pequeñas cantidades como fuentes alfa de laboratorio y como trazadores de investigación. Debido a su toxicidad extrema y a que el polonio-210 tiene un periodo de semidesintegración de solo unos 138 días, el consumo mundial siempre se ha mantenido mínimo.
Los compuestos del polonio, como el dióxido de polonio (PoO2) y el tetracloruro de polonio (PoCl4), se preparan solo en cantidades de microgramo en laboratorios de química nuclear, donde se emplean para estudiar el comportamiento químico del polonio y los esquemas de separación. Nunca forman parte de ningún producto de consumo y no tienen producción industrial a gran escala.